Viaje misionero a Senegal
- Dorle Rodríguez
- 10 mar
- 7 min de lectura
Día 55 – martes, 10 de marzo
Queridos, ni sé por dónde empezar. Estamos de vuelta en Gambia y le damos gracias a nuestro buen Dios por guardarnos en todo el camino. El viernes pasado iniciamos nuestro viaje misionero al sur de Senegal, la región de Casamance. Nuestro destino fue la Iglesia Bautista de Elinkine, una iglesia que pertenece a la Unión Bautista de Gambia. Nos recogieron sobre las 12 de medio día y llegamos a las ocho de la noche, aunque el trayecto sólo es de 208 kilómetros. Nuestro amado conductor y dueño del coche, fue pastor Donkor. El actual presidente bautista, Pastor Stephen nos acompañó y no debía faltar nuestra querida Vida. Pastor Stephen había solicitado un visado temporal y así nos ahorramos la paga por persona. En la ida, los policías y militares en las fronteras nos trataron amables.

Ya que el Senegal fue colonia francesa, todo el mundo habla francés o el idioma de su tribu, aquí mayormente el Diola. Parece, que en el sur de Senegal hay más cristianos que en el norte (mayormente católicos, pero también metodistas y pentecostales, etc.). La carretera después de la frontera está en muy malas condiciones, por esto tardamos tanto, esquivando bache tras bache. Vimos algunas iglesias católicas, y se nota que están recién pintadas. Observamos que, en general, los católicos cuidan mejor y mantienen sus edificios.

Muchos kilómetros pasamos por carreteras de adoquines, ya que a nuestra izquierda y a nuestra derecha había aguas, no muy profundas – los manglares, árboles y arbustos, que son tolerantes al agua salada.

Llegamos de noche y Madame Rama nos da la bienvenida en su complejo de apartamentos vacacionales, que parece un mini-pueblo con sus casetas cubiertas de paja y todos los caminos de arena blanca, con bonitas plantas, adornando este lindo espacio, donde la gallina con sus polluelos come del mismo plato que diversos gorriones y otros pájaros trópicos. Dormimos debajo la malla antimosquitos y gracias a Dios, no nos picaron.
El día siguiente íbamos a visitar un punto de misión de la iglesia, que se encuentra en la isla de Diogué. Ibamos a salir en barca sobre las 9:00 h, pero al final salimos después de las 12:00 h. Aprendimos que el pueblo de Elinkine está formado de pescadores que tienen sus orígenes en Ghana, así que: similar a la ciudad de Ghana Town en Gambia. Mantuvieron su idioma, pero adaptándose al país. En Gambia mezclan su idioma ghanés con el inglés y en el Senegal lo mezclan con el francés.

Finalmente aparecen los chalecos salvavidas, que son obligatorios. Varios hombres traen el motor de la barca y lo montan; todos son de la iglesia, incluyendo al capitán. Mientras esperamos, observamos un pescador sentado debajo de un árbol, fabricando una red de pesca.

Vemos muchos barcos que llevan escritos una cita bíblica, por ejemplo un Salmo.
Finalmente nos invitan entrar en la barca.

Somos 9 personas. Pasamos por 2 controles militares, donde exigen nuestros pasaportes, preguntando de qué nacionalidad somos. ¡Nos encantó este viaje sobre el río Casamance y disfrutamos mucho de las vistas y la brisa salada, aunque las olas nos salpicaron bastante! Bebimos agua, cada uno de una bolsita de plástico que contiene 250 ml de agua dulce. La tienes que morder en una esquina y beber de ella. Cuando, después de una hora, y dejando atrás la isla de Carabane, llegamos a la isla de Diogué nos espera otro control.

Luego caminamos unos 800 metros por la arena caliente y llegamos a un sitio espacioso donde docenas de mujeres tratan la pesca de hoy con sal muy gruesa. En el momento cuando reconocen a Vida y a la gente de la iglesia de Elinkine, vienen corriendo y nos abrazan con gran gozo. ¡Qué emocionante! Le cuentan a Vida: “Este es un día de gran bendición. ¡Hoy nos han traído tanto pescado como nunca!”

Me invitan a meter mis manos en un bol y hacer lo mismo que ellas: revolcar estos trozos enormes de pescado por la sal, para curar el pescado. Estas toneladas de pescado serán secadas al sol y luego los exportan a muchos países. La población de Diogué (Wikipedia nos enseña que en el 2020 había unos mil habitantes en la isla que cuenta con 320 km2) vino desde Ghana a vivir en esta isla solitaria, donde solo hay energía solar y agua de pozo. Viven en chozas y casas muy sencillas.



Me sorprende ver el edificio de la iglesia bautista a 200 metros de la playa, edificado de bloques. Aquí caben sus 50 miembros. En otra parte hay también una iglesia católica y otra pentecostal, si lo entendimos bien. Algunas mujeres se habían levantado muy temprano, pensando que llegaríamos sobre las 10 de la mañana, y nos habían preparado arroz, papas y pescado asado. ¡Todo muy rico, pero picante! (y nos causó diarrea, pero el vecino musulmán nos prestó su baño en la huerta). Después de la comida celebramos el culto. ¡Cuánta marcha! ¡Los bailes cuando recogen la ofrenda! (Si quieres ver un corto vídeo de este tiempo, escribeme WhatsApp por privado). Solo vinieron unas 20 personas, ya que los hombres estaban todos en alta mar. Aquí la vida y el tiempo está marcado por la llegada de pescado. Pastor Stephen y Pastor Donkor dieron saludos y reflexiones y Pedro dio palabras de ánimo y saludos (le tradujeron al ghanés) y luego cantamos 2 canciones en castellano e inglés (Pedro había traído la guitarra). ¡Les encantó!

Seguimos charlando un rato y luego nos acompañaron de vuelta al sitio donde el militar nos indicó que deberíamos subir a bordo, después de otro chequeo. ¿Qué puedo decir de esta visita? Me sentí como San Pablo, cuando fue a encontrarse con Lidia y las mujeres en la playa del río (Hechos, capítulo 13) y la despedida, acompañados por parte de la iglesia, para mí fue como la despedida de Pablo con los ancianos de Éfeso en la playa de Mileto (aunque no nos arrodillamos, ni lloramos, pero todo fue muy emocionante).

Unos niños se sumaban en el camino, tocando mi pelo, y una niña cogió mi mano y besó mi antebrazo. Parece que no ven muchos “toubabs” en esta isla solitaria.

Una última foto de grupo y entramos en la barca. ¡Qué cariñosa despedida!
Llegamos de noche de vuelta a Elinkine y sobre las 21 horas comenzó otro culto, donde yo estaba invitada a decir palabras de ánimo, me traducían al ghanés. Había también poca gente aquí, ya que también estos varones estaban en alta mar. Nos dijo el pastor Isaac que cuenta con 90 miembros en esta iglesia.
El día siguiente comenzó la escuela dominical sobre las 8:30 y luego el culto. Terminamos sobre la una. Esta vez, Pedro estaba a cargo de la prédica y el hijo del pastor, que a su vez es director de la pequeña escuela (100 alumnos) rudimentaria (sin techo) tradujo el mensaje.

Entregamos otro platillo para su batería y una ofrenda de la Iglesia de La Palma, para que puedan poner un techo al pequeño edificio escolar.


Por la tarde hicimos una visita al patio de las casas sencillas, donde vive la mujer que había cocinado para nosotros en estos días. Casetas, sin encalar, el suelo de arena, en medio un pozo. Hasta los niños pequeños gatean por aquí por la arena. Escuchamos una mujer cantando con voz muy bonita y la llamamos. Detrás de la cortina, aparece una vecina joven, que acaba de llegar a esta comunidad y, hablando con Vida, se identifica como creyente metodista. Todavía no va a ninguna iglesia aquí. Nos muestra su Biblia y oramos con ella. Nuestra “cocinera” nos había colocado sillas en el patio y sentados, Pastor Donkor me pregunta si no me había fijado en las marcas de su cara. “Sí, me había fijado” contesté “pensé que eran marcas, mostrando su valor y fuerza”. El pastor me enseñó otra cosa: “No, estas cicatrices se las hicieron sus padres en Ghana. Era costumbre (ahora cada vez menos) que cuando muere un niño en la familia, y ellos piensan que fue el diablo que mató al bebé, al siguiente bebé que nace, le hacen cortes en la cara para que no sea atractivo para Satanás. Además, le dan nombres sin sentido, como “Buitre” o “Basura”. Nuestra cocinera se llamaba “Stay” (quédate), pero al conocer a Cristo, pedirle perdón a Dios por sus pecados e invitar a Jesús que entrara en su corazón para ser su Salvador personal, la vida de “Stay” fue transformada y ahora se llama “Marta”. ¡Preciosa hermana en Cristo! Si os fijáis, también entre las mujeres en Diogué podéis ver las marcas en alguna cara.

El lunes, antes de iniciar nuestro viaje de vuelta a Gambia, visitamos la pequeña escuela, en el mismo terreno de la iglesia. Aulas sin techo, pero niños felices que nos saludan alegres. Desde “nursery” (guardería) en un aula, hasta los mayorcitos de unos 10 años, en otra clase.

Pastor Donkor les pregunta a los mayores: “Les gusta el suelo de arena?” – “NO” contestan los niños. “Estáis contentos en una clase sin techo?” – “NO”, vuelven a contestar. “¿Queréis orar?” – “Sí”. “Pues, levanten sus manos a Dios”. Pastor Donkor oró a Dios en frases cortas y los niños repetían sus palabras. “Si el año que viene, por aquí tendréis un techo ¿a quién damos gracias por el techo?” Los niños contestan: “A Dios”. Donkor “¿Creéis que Dios os va a dar un techo?” – “Síiiii”.
¡Qué Dios bendiga a estos niños y sus maestros!
Sobre las 10:00h de la mañana finalmente salimos de Elinkine. Esta vez, los controles son un poco más severos y una vez nos hacen sacar todas las maletas. Pero, cuando el “jefe” reconoce a Pastor Donkor, nos da permiso de volver a colocar las maletas (sin revisar) al coche y seguir nuestro camino. Cansados, pero muy felices y agradecidos, llegamos después de 8 horas y media a nuestro apartamento en Gambia. ¡Soli Deo Gloria!
P.D.: Aquí podéis ver la ruta de la vuelta en un pequeño vídeo:





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