Una carta para Alemania
- Dorle Rodríguez
- 5 feb
- 2 min de lectura
Día 22 – jueves, 5 de febrero
Hoy caminamos a la oficina de Correos en nuestro barrio, para enviar un librito a Alemania.

Por fuera, el edificio no transmite mucha confianza y al entrar, vemos en 5 ventanillas solo 2 personas detrás y un hombre sentado a lado de una pesa. Desde una ventanilla A nos hace señal, para que vayamos a la otra ventanilla B. “¿Qué deseen?” – “Queremos enviar esta carta a Alemania.” – “Vayan al hombre de la pesa.” Vamos. “¿Qué lleva allí dentro?” – “Un libro”. – “Saque el libro”. Menos mal que había dejado la carta abierta, porque el sobre quedó un poco grande. Le muestro el libro al hombre y él lo agarra y lo ojea. Cuando no ve nada sospechoso, me devuelve el libro para meterlo en el sobre. Luego lo cierra con fiso. Después busca un folio, arranca un trocito de papel y anota “libro”, pegando este trozo de papel sobre la carta. Cuando termina, nos manda de vuelta a la ventanilla B. Ahora aparece una señora y el hombre de la pesa le hace saber el peso de la carta. Ella busca un código y lo pega sobre la carta y nos rellena un recibo. Pagamos. “¿Cuánto tarda la carta hasta Alemania?” – “Vera, el correo de hoy ya salió y es el martes que viene cuando vuelven a recoger el correo de aquí. Solo martes y jueves. Luego tarda una semana o dos, hasta llegar a Alemania.” - “Muchas gracias”.
¡Vaya experiencia en una oficina de Correos!

Por el camino a Correos, vimos esta matrícula curiosa. WISDOM = sabiduría.

En la playa nos llamó la atención una barca con una bandera de Alemania y el nombre del barquito: “Bakau Express” (Bakau es el barrio donde nos alojamos).

En cuanto a las aves blancas que enseñamos la última vez, nos hicieron saber que serían de la familia de las garcetas; creo que éstas eran garcillas. El primer pájaro que escuchamos por las mañanas es el bulbul común, también viene de una familia muy grande.






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