Un taxista viene a la iglesia
- Dorle Rodríguez
- 30 mar
- 2 min de lectura
Día 75 – lunes, 30 de marzo
Domingo de Ramos fue un día especial para nosotros.

Por primera vez, alguien – con creencias del país- nos acompañó a la iglesia. Varias veces nos había llevado en su taxi y hemos hablado de Cristo, y nos dio mucha alegría cuando estaba de acuerdo para ir juntos. ¡Aguantó 3 horas de culto! Queremos dejarle en anónimo y tampoco mencionar (en esta ocasión) a qué iglesia fuimos.


Dorle predicó acerca la “Entrada triunfal de Cristo” a Jerusalén y la hermana vestida de azul dio su testimonio impactante, cómo Dios había transformado su vida musulmana para encontrar la libertad y salvación en Cristo.

También estaba presente el pastor Samuel, que había sufrido un leve ictus el mes pasado. ¡Está mucho mejor! ¡Ya puede conducir y vino en su propio coche! ¡Pedro y el pastor Donkor oraron por su salud! Gracias a cada uno que también ha orado por él. Sinceramente ¡fue un Domingo de Ramos de mucho júbilo!

El sábado tuvimos visita de 4 niños de la iglesia, que vinieron con “auntie” Vida (tía). Vida les dijo que nosotros seríamos “grandpa and grandma” (abuelo y abuela) para ellos y así nos llamaron. Primero dimos un paseo por la playa y ellos disfrutaron igual que nosotros, o más: Yinka (la niña) coleccionando conchas, los chicos saltando en pequeños charcos, corriendo. “Cuando corro, escucho el viento en mi oído”, dijo Deji a su amigo Nana. Gritaron de emoción, cuando Pedro levantó un pequeño cangrejo en su mano - por unos segundos - antes de que cayera nuevamente a la arena. Observamos una medusa redonda y gorda.

Cuando los niños se cansaron, Pedro llevó al más pequeño, un ratito en la espalda. Me di cuenta de que en Europa esto sería normal, pero en África no lo hemos visto y cuando el chico fue llevado por Pedro, los otros se burlaron de él: “Eres un bebé”. Es verdad, ¡así las madres africanas cargan a sus bebés, pero no a los chicos de esta edad! Sin embargo, Kwadjo estaba contento de que pudiera descansar un poco.
De vuelta a nuestro apartamento, los chicos estaban ansiosos por bañarse en la pequeña piscina comunitaria. Primero entraron en la parte para niños, donde todos “tocaban fondo”. Pero luego querían entrar en la parte para los “grandes”. “¿Saben nadar?” Les pregunté. “Sí” afirmaban los 2 mayores, pero cuando me di cuenta con cuánto cuidado bajaban las escaleras para luego quedarse solo en el borde, me cambié de ropa y por primera vez este año, entré a la piscina para darles una pequeña clase de natación. Después de una hora estaban heladísimos y hambrientos y envueltos en sus toallas se relajaban en las tumbonas. Concluimos este día con una pequeña merienda en la parte del césped, debajo los aguacateros africanos y luego llamamos un taxi y Vida los llevó a casa. ¡Esto fue un ensayo para nosotros, cuando volvamos a España con nuestros nietos!





Comentarios