Iglesia casera de Jiboro
- Dorle Rodríguez
- 23 mar
- 2 min de lectura
Día 68 – lunes, 23 de marzo
Ayer fuimos al sur, más de una hora de camino para visitar a los hermanos de Jiboro. Es una iglesia joven, que nació hace año y medio y se reúne en la casa del pastor Richard. La iglesia madre de esta pequeña congregación es Madiana. Pastor Donkor, Pastor Samuel (él que tuvo un leve ictus, hace 6 semanas) y nuestra querida Vida, fuimos juntos en el Nissan plateado.

Debajo del árbol de anacardo (cashew), en la sombra, donde patos y gallinas rastrearon la arena para encontrar algo comestible, nos esperaban algunos niños y se sumaron un joven y varias mujeres.


Después de saludarnos, entramos gozosos en la parte de la casa que es reservada para las reuniones (más o menos un tercio- o la mitad- de toda la casa). El espacio mide unos 3 metros por 7 metros y han colocado unos bancos de madera y algunas sillas de plástico.

Vida y yo, nos sentamos en el último banco y Pedro está invitado a sentarse delante. Pastor Richard dirige el culto y el tiempo de alabanza con djembe y buena voz fuerte. Vida coje a la bebé del pastor en brazos y de este modo su esposa, Ida, también se une con canto y baile a la alabanza.

Pastor Donkor comparte unas palabras de ánimo para los creyentes y ora por la bebé del pastor, que está enferma con un fuerte catarro.

Pedro nos ministra con la Palabra. Pastor Richard traduce al Wolof. El sermón está basado en Mateo 16:13-17 y nos explica que Jesús aquí claramente afirma que él es Dios, mientras los musulmanes simplemente le ven como profeta.

Al finalizar el culto nos tomamos una foto de grupo y veo que la cámara de nuestro móvil no es muy adecuada para hacer brillar estas lindas caras negras. La mujer del pastor se había levantado a las 5 de la mañana para prepararnos a una rica comida: Arroz con pollo, zanahorias y col.

Comimos, al final 6 personas del mismo plato, cada uno con su cuchara individual. Patos y gallinas vinieron también y pasaron debajo nuestra pequeña mesa, colocada debajo del árbol de anacardo, esperando que algunos granos de arroz cayeran al suelo arenoso. Nos explicaron que fue por respeto y para honrarnos como invitados, que las mujeres se sentaron en otro sitio, debajo del manguero. Hasta tuvimos que convencer al pastor que se sentara con nosotros a comer. ¡Todavía no entendemos mucho de la cultura africana y tenemos que aprender muchas cosas!

A propósito, si alguna mujer entre nuestras distinguidas lectoras quiere quejarse de su cocina anticuada, fíjese en la cocina de esta familia pastoral de Jiboro, de donde salió una comida deliciosa y sabrosa, hecho con amor.





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